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EN HORA BUENA  ARGENTINA DIJO NO  AL ABORTO…

Por: Juan Guillermo Hoyos

En La República Argentina, fue derrotada por octavo año consecutivo, la aspiración de los abortistas de cegar la vida humana desde la concepción.

Pues bien, el artículo 4º de la constitución gaucha, ordena la protección de la vida humana a partir  de la concepción; el artículo 1º de la Constitución Mexicana hace lo propio. En Colombia la Corte se ha pronunciado afirmativamente sobre el tema, disponiendo sin equívocos (recordemos que la jurisprudencia es fuente del derecho) que la vida humana se protege desde la concepción. Por su parte, el artículo 17 de La Ley 1098 de 2006, vincula inexorablemente la protección de la concepción de un ser humano con la dignidad del mismo, como hechos, realidades jurídicas y filosóficas, a partir de la biología y la genética, que no pueden desligarse.

El artículo 91 del Código Civil Colombiano, ordena la protección de la vida del que está por nacer, es decir, del concebido, cuando dos gametos se unen; dicho de otro modo, cuando se juntan DOS ADN. Dichos mandatos son desconocidos en la realidad legal colombiana.

Se podrían seguir enunciando todos los países del mundo que protegen la vida desde la concepción, pero basta atender lo dispuesto en nichos de poder legal y político que tienden a ser hegemónicos, que aún respetan la vida y que en veces atentan contra las soberanías estatales, como La Convención Americana sobre Derechos Humanos (aprobada por la Ley 16 de 1972). Así mismo La Declaración Universal de los Derechos Humanos, que en su artículo 3º, ordena proteger la vida de todo individuo. Se acota que es individuo, biológica y genéticamente, el ovulo fecundado en su desarrollo fetal.

La fundamentación científica para el efecto, también la encontramos en lo expuesto por estudiosos del tema, como Aznar y Zamarriego: «hay argumentos sólidos biológicos, que no ideológicos, para decir que desde la fecundación ahí hay un ser vivo de nuestra especie. No entro en si es persona o no porque eso son razonamientos jurídicos».[1]

La ciencia de la genética, basada en Jérome Lejeune, médico genetista francés y uno de los padres de la genética moderna, sobre el tema de la protección de la vida del no nacido afirma lo siguiente: Porque sabemos con certeza que toda la información que definirá a un individuo, que le dictará no sólo su desarrollo, sino también su conducta ulterior, sabemos que todas esas características están escritas en la primera célula. Y lo sabemos con una certeza que va más allá de toda duda razonable, porque si esta información no estuviera ya completa desde el principio, no podría tener lugar; porque ningún tipo de información entra en un huevo después de su fecundación. (…)

De lo anterior se colige necesariamente que la vida de los individuos tiene un inicio determinado y comprobado: -el momento de la concepción-.

Ahora bien, en lo que atañe al aborto, el Diccionario Jurídico Espasa, lo define así: – “El aborto* consiste en la muerte del feto mediante su destrucción en el seno materno o por su expulsión prematuramente provocada. Se trata, por lo tanto, de un delito contra la vida humana, aunque también lesione otros bienes jurídicos, como el interés del Estado de mantener una elevada cuota de natalidad y eventualmente la vida o salud de la madre».

Y sobre la vida y la concepción, categóricamente afirma: “En el estado actual de la ciencia médica ya no se discute que la vida humana comienza en el momento mismo de la fecundación del óvulo femenino por un espermatozoide masculino. El embrión es un ser vivo distinto de sus progenitores, con una carga genética individual e irrepetible, que desde la concepción comienza un desarrollo vital hasta la muerte. Durante la etapa de vida prenatal no existe cambio alguno cualitativo o sustancial: tan solo el progresivo crecimiento y desarrollo de cuantas potencialidades existían desde el momento de la concepción” (Diccionario Jurídico Espasa, Madrid, 1999, pág. 7).

Con pilar en lo expuesto, destaco que no es admisible que se pretenda desconocer la ciencia y el sentido común que la acompaña (así no se recurra a la religión), para crear conceptos nuevos, sin atender al origen etimológico preciso, con los cuales se quiere pervertir las costumbres humanas, por los vicios y desviaciones de conductas de muchos seres humanos que no se han educado conforme con los valores universales reconocidos no solo por el derecho natural, sino por la ciencia y la ética.

No parece razonable desde la óptica del derecho natural, aludir a costumbres desviadas, de grupos de otras razas o pueblos, a perversiones y mentiras, por un uso irresponsable de la razón, en lo público, especialmente, para fomentar la tiranía de las minorías o el totalitarismo de las individualidades.

En el Estado actual de la ley y la ética, ello no puede admitirse.  Bolívar escribía sobre la Patria:

“Sin moral republicana no puede haber gobierno libre. El modo de hacerse popular y de gobernar bien es el empleo de hombres honrados. Un gobierno sin probidad es un azote. Hombres virtuosos, hombres patriotas, hombres honrados, constituyen la república…”.

Si entendemos lo dicho dentro del pensamiento sistémico y el aforismo romano, según el cual, toda cosa está en el todo y, toda, en cada parte (toto in tota et tota in qualibet parte), no es posible que unas minorías dicten las leyes y se produzca un totalitarismo de las mismas. Ello no es democrático y, menos el silencio de las mayorías frente a los graves problemas nacionales de toda índole y categoría.

Desde la perspectiva rusoniana (Juan Jacobo Rousseau) es deber del ciudadano renunciar a su libertad de abortar, hurtar,  chantajear, extorsionar, tumbar, apoderarse del erario público, violar, estafar, para constituir la voluntad general y materializar la libertad de la Nación. Renunciando a esas conductas desviadas, somos libres porque conformamos la voluntad general.

Para finalizar, nadie tiene la libertad moral de hacer el mal. Si se hace el mal se pierde esa libertad, se es esclavo de esa conducta. Ello no admite excepción entre filósofos ateos, idealistas, materialistas, racionalistas o cristianos.

[1] José Aznar. Bioético. Universidad Católica de Valencia.

José Zamarriego Presidente Comisión Deontológica del SEGO. España.

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